Nacho Vegas

Nacho Vegas – Actos inexplicables (2001)

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NVegas - ActosPrimer disco de Nacho en el que durante muchos años fue su sello discográfico, Limbo Starr (creado por Fernando Alfaro entre otros, quienes recientemente crearon el nuevo Marxophone, sello  en el que han publicado sus últimos trabajos), y que significó el pistoletazo de salida de una carrera sólida y progresiva, que haría una cada vez más importante legión de seguidores y un fuerte respeto de la crítica hacia este autor astur.

El comienzo del disco (dejando de lado su mesiánica portada) comienza marcando los pasos, un disco con aires western en su intro “Actos inexplicables” (salvando las distancias, y aún con cierto sonrojo recuerdo el inmenso “Pat Garret & Billy the Kid”) y más evocaciones dylanianas en “Al norte del norte”; después aterriza “Seronda”, una de mis temas favoritos de Nacho de siempre, que me suena a Leonard Cohen, con una melodía que está a la altura de sus letras deslizándose entre los dedos sin estridencias, absolutamente genial, pura magia. Después aparece “El ángel Simón”, canción dedicada a su padre fallecido, y donde la letra te atrapa y desgarra. “Miss Carrusel”, su primer hit (recuerdo cómo Chema Rey la pinchaba a menudo en su Bulevar), y que todavía sigue ocupando un lugar habitual en sus setlist. El tono intimista, reflexivo y desnudez continuan en “El camino”, “Sitios distintos” y “El callejón”, y únicamente surje la electricidad al final del disco, en “Blanca” y “Molinos y gigantes”, que puede ser un guiño al pasado (Manta Ray) antes de continuar su camino sin volver la vista atrás.

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Nacho Vegas – Verdá o consecuencia (1997)

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Se trata del primer disco en solitario de Nacho Vegas, cuando todavía formaba parte de Manta Ray. Se trataba de poner la música a un capítulo de una serie de la televisión asturiana, dirigido por el escritor y director Ramón Lluis Bande, amigo de Nacho con quien compondría Diariu y Diariu II.

El disco es un paisaje instrumental de 9 canciones muy breves (más una anécdota a modo de  hide track), casi a modo de haikus sonoros, en el que destaca (y por esa canción lo rescato) “Señardá”, canción realmente hermosa en el que Nacho comienza a cantar (ya no sólo a recitar o a deslizarse sobre la música) y nos brinda una de las mejores canciones que ha compuesto, y en el que los arreglos de viento acompañan a las mil maravillas a la guitarra.

Nunca he llegado a escuchar esta canción en directo, algo que es una verdadera lástima, y francamente no tengo ya ninguna esperanza de llegar a verlo, por lo que únicamente queda su disco para poder emocionarse con ella.

Pero sin embargo, y gracias fundamentalmente a internet, este disco ha ido ganando en repercusión a lo largo del tiempo, lo que es una suerte para todos aquellos que no han tenido la suerte de descubrirlo en su momento.